El Gaitero de Libardón
Ramón García Tuero, al que el mundo conoció como el Gaitero Libardón, nació en Arroes, concejo de Villaviciosa, Asturias, el día 6 de Febrero de 1864 en el Molín del Matu.
Desde su más temprana edad dio muestra de sus dotes artísticas al construirse rudimentarios instrumentos de viento, con los que interpretaba populares canciones aires del país, mientras apacentaba el ganado.
Así transcurrieron sus años infantiles, hasta que un día logró que su madre le proporcionase su primera gaita. Muy pronto se granjeó fama entre sus paisanos, lo que le valió recorrer la provincia, asistiendo allí donde hubiese una romería, amenizando tanto las solemnidades religiosas como las profanas. Precisamente en una de estas ocasiones-la “Dolorosa de Pivierda”-conoció a una libardonesa, María Caravera, con la que contrajo matrimonio en 1890, llevando como única fortuna su gaita. Con ella tuvo seis hijos: Suceso, Cesar, Tito, Maruja, Virginia e Isabel.
De este modo, su vida quedaría enmarcada en las faldas del Sueve: Libardón.
La estima popular hizo que una conocida firma de sidra champán le llevase, junto a su representación, a la Exposición Regional Anual que se celebraba en Gijón. Allí fue el espaldarazo definitivo. Más tarde y con el mismo motivo, “El Gaitero Libardón” se presentó en París llevando a Asturias al país vecino. Tal fue el éxito, que la gira continuó por Berlín y Londres, donde impresionó varios microsurcos. De vuelta a España, traía consigo el reconocimiento de Europa a su arte y al folclore de su tierra.
Pero no finalizó aquí el recorrido triunfal: pronto llegaron los días de la Hispanoamérica: Méjico, Puerto Rico, La Habana, Buenos Aires, Santiago de Chile…. Aplaudieron a aquel hombre que llevaba el hondo sentir de la tierra añorada con su voz y su gaita. Y he aquí el motivo de su éxito: la perfecta conjuntación del dominio total de la gaita con su potente voz, que le acompañaba hasta las últimas notas, algo que nadie ha podido igualar. Pero es preciso añadir, igualmente, para profundizar en su arte, la singular circunstancia de una patente intuición poética y musical, que se exprime de sus canciones y que adquiere trascendente relieve dada su falta de preparación.
A su regreso de América, su figura estaba consagrada en todo el mundo. España le vió, oyó y aplaudió en todas aquellas celebraciones de interés nacional (continuaron las grabaciones de discos en Madrid y Barcelona). No obstante, además del éxito popular, numerosas condecoraciones nacionales y extranjeras certifican el asentamiento por las grandes personalidades, entre las que se encuentra el Rey Alfonso XVIII-al que acompañaba de caza en sus visitas a Ponga-, y la Reina María Cristina, que le recibió en audiencia particular, así como el General Primo de Ribera, entre otros.
Sus últimas interpretaciones las hizo en una fiesta familiar, como motivo del bautizo de una de sus nietas. Dieciocho meses más tarde caía en su lecho de muerte a causa de una complicación cardiaca con un esfuerzo de sus últimas actuaciones. Por fin, y en su plena vitalidad, le llegó la muerte. Momentos antes, mirando al Sueve tan querido, exclamaba: “Hoy hará buen día…” Era el amanecer del 22 de octubre de 1932.
El 10-5-1986 se inaguró en Arroes una calle con su nombre. (se adjunta foto)
En el año 2014, por el 150 aniversario de su nacimiento, se colocó junto a la iglesia de Arroes un monolito en su honor.
“Bellu pueblu ye Arroes
Si non fuera por la fueya
Que ye muy cuesta p´arriba
Y allabarcase poca tierra. (Libardón)
El Gaiteru Libardón
Saltando matos y muries,
Vino a tocar a Xixón
Para el Príncipe de Asturies.
(Por Javier Díaz Fernández para canción de Vicente Díaz)
Por J.C.M.
(Aporta más datos Javier Díaz Fernández)
43.511528815076, -5.5286527
Documentación gráfica recogida de la base de datos que elaboró la asociación de vecinos de Arroes.
La información y fotos proceden del archivo personal de Javier Díaz.
